Visitas desde la apertura

martes, 30 de noviembre de 2010

Perdición


«No te enamores nunca. Es la máxima que debe presidir tu vida. Nada de compartir sentimientos, anhelos, ilusiones ni esperanzas. Nada de sentirte atraído por un cuerpo, una boca, unos ojos preciosos. Nada de sexo ni de sensualidad. Siempre sale mal, siempre hay terceras y cuartas y quintas personas que lo echarán todo a perder. No creas que el sentir el calor del aliento de la persona amada en tu aliento es agradable o emocionante o excitante. Que el dulce sabor de su saliva en tus labios, su tacto al resbalar por tu cuello es lo que más quieres en la vida. Que la lujuria que provoca la presión leve de sus dientes en los lóbulos de tus orejas es lo que deseas sentir cada noche al volver de trabajar. Que la pasión que desencadena ese beso es lo que te salvará del hastío diario. No. Ese beso es la perdición. Ese beso será tu último beso, el que te condenará al fuego eterno y…»

«Déjelo, Padre Damián, Déjelo. Como siempre, su discurso de bienvenida al seminario no provoca sino más bajas y deserciones. Cuándo aprenderá, Dios mío, cuándo aprenderá a no ser tan descriptivo.»


Fulgencio S. García.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Instrucciones para enamorarse (ejercicio)

En primer lugar, partamos de la imposibilidad de satisfacer a todos en todo en la vida. Es, pues, innecesario remarcar que las instrucciones aquí reflejadas no serán válidas para todas las personas que intenten ponerlas en práctica. Pero ello no ha de agobiarnos ni desalentarnos, sino que debe hacer que la perseverancia y la búsqueda de la excelencia se conviertan en nuestro objetivo.

Para encontrar el amor de nuestras vidas deberemos sopesar con cuidado el término «vida» ¿Todos tenemos una? Bien. Eso nos da una ligera ventaja sobre los que no la tienen y nos sitúa en primera línea en la parrilla de salida. Ahora bien, estar vivo es condición necesaria pero no suficiente: una vida alojada en un cuerpo sin curiosidad, sin capacidad de sorprenderse o de sorprender, sin ánima al fin, es una vida desaprovechada, una vida huérfana que, además, no sabrá dónde ni cómo buscar lo que queremos encontrar.

Así, pues, ya tenemos algunos elementos a conjugar para poder llevar a buen puerto nuestra nave expedicionaria: hemos de estar vivos y hemos de ser curiosos, tener capacidad de sorprendernos, ánimo y ganas de disfrutar. Con estos ingredientes ya estamos preparados para poder enamorarnos de nuestra media naranja. Pongamos en marcha el experimento y salgamos a la calle.

En la calle nos esperan decenas, centenas, miles de personas de uno u otro sexo que pueden ser perfectos candidatos. No nos obcequemos si el primer día no obtenemos resultados: se han descrito casos de seres que, ya en el lecho de muerte, seguían clamando por poder culminar el proceso. Por supuesto, sin el resultado esperado.

¿Cómo poder saber si estamos hacemos lo correcto para obtener lo deseado? Pues se ha de trazar un perfil: lanzarnos a la calle sin saber qué queremos nos puede llevar al caso antes mencionado. Esta es una tarea ardua: hay que definir las prioridades: altos, bajos, delgados, gruesos, morenos, rubios o castaños, los perfiles a evaluar son casi infinitos. Entonces, nos fijamos en nosotros mismos, en nuestro «yo», ya que no queremos aparecer en una reunión familiar con alguien muy estrafalario o en una cena de amigos (tal y como son ellos), con una persona incapaz de mantener una conversación interesante. Deberá ser esta pareja ideal alguien parecida a nosotros, en estatura, gustos, complexión e ideas. No igual; eso, no. Parecido. Alguien con quien compartir nuestras aficiones, pero que nos permita disfrutar de nuestra soledad de tarde en tarde, para que podamos reencontrarnos con nosotros mismos.

En resumen, para encontrar el amor de nuestra vida deberemos estar vivos, ser curiosos, animados, buscar algún rasgo común definitorio de ambos, trazar un perfil físico y psicológico adecuado a nuestros intereses y a nuestra forma de vida, y buscarlo con ahínco, y habrá que descartar, para ello, las posibles desviaciones del objetivo trazado. Bien.

Ahora, rompan estas instrucciones, quémenlas, tírenlas al río más próximo porque por más que cada uno de nosotros se haya hecho el propósito firme de no salirse del programa establecido, la vida, con mayúsculas, se empeña en que nos enamoremos, siempre y sin remedio, de la persona más difícil de alcanzar.


Fulgencio S. García.

Sueños


“La sangre sobre la nieve es más roja” pensaba absorto mientras paseaba por las calles heladas de Estocolmo. Ella me acompañaba, hablando sola, como siempre. Giré la cabeza, miré a un lado y a otro. Su letanía se helaba en el aire. No veía a nadie y la hora era propicia, así que me aseguré de nuevo. Me armé de valor y la empujé. El tranvía que se aproximaba la arrolló con tranquilidad, sin aspavientos. Frenó y abrió las puertas y yo, mientras, me perdía por las callejuelas. Una gran mancha roja se coagulaba sobre la nieve.
“Cariño, ¿en qué piensas? Estás absorto toda la tarde, ¿no oyes lo que te acabo de contar?”. Su voz me devolvió a mi realidad.
“Sí, nena, sí, que qué bonito y qué grande es todo”.



Fulgencio S. García

Follow by Email