Visitas desde la apertura

domingo, 20 de mayo de 2012

París

En noviembre no amanece en París. Solo es un poco más claro el día que la noche. No hay sombras, no hay sol. Decir que esta ciudad en otoño es gris es redundante. Desde mi ventana veo una marea rítmica pero caótica que va de izquierda a derecha, por todos los huecos libres de la calle. Pero es una marea negra. Abrigos, gorros, pantalones, faldas. Un monocorde no roto más que por las luces de las ambulancias y de los bomberos. Bajo a la calle. Mi abrigo es gris perla, una longitud de onda distinta. Me hundo en la boca del metro, busco mi destino. Son muchas estaciones desde la Norte. No entro en el convoy, me entran. La marea humana me arrastra y no deja siquiera que boquee. Una parada. Dos. Seis. El traqueteo me anula los sentidos y me aturde. Soy una mosca gris en un plato de petróleo. Y como por arte de magia, entra ella en el vagón. La mística de abrigo rojo sangre. Una chica negra, altísima, elegante. Sexy. Se sabe mirada y admirada. Labios carnosos y marrones, mirada de almendra, piel canela. Y abrigo rojo. Y me quedo mirando fijamente y una voz a mi espalda me dice “bienvenido”. De manera instintiva llevo mi mano a mi nuca. Me volteo y la chica ha desaparecido.

As time goes by

La ciudad fue arrasada por el movimiento sísmico. La historia, las historias y las historietas se detuvieron en el momento exacto en que la tierra tembló. Durante un día el infierno salió a la superficie y los hombres pudieron ver de frente la fría eternidad. Como si de una cabalgata de valquirias se tratase, los edificios se derrumbaron, implosionaron torres y campanarios y las ilusiones puestas en el futuro de miles de personas se hundieron en los abismos del presente inmediato. Pero sonaron las trompetas y las tubas y, como en las películas, aparecieron los buenos. Miles de camiones, helicópteros, trenes trajeron de todas partes del país las esperanzas, las fuerzas y los ánimos necesarios para reconstruir desde el dolor, para maquillar la desesperanza. Las personas ayudaban a las personas por el solo hecho de saber que necesitaban ayuda. Hasta que apareció él. Y luego muchos más como él. Trajes azules, grises, corbatas y gafas de sol inundaron lenta pero inexorablemente las calles destruidas, los presentes rotos. Apretones de manos, condolencias, promesas hechas del material de las electorales fueron cubriendo el suelo, fueron tapando los escpmbros. Sepultando la realidad bajo millones de monedas tan limpias como las de Judas. "Yes, we can", se repetían unos trajes a otros. Atardeció, anocheció. Se fueron tal cual vinieron y las gentes de aquel lugar quedaron conformadas. Sus próceres iban a ayudarles.

El tiempo pasará.

sábado, 5 de mayo de 2012

If You could read my mind.

Si pudieras leer mi mente.
La vieja melodía suena a ritmo de Estudio 54 en los altavoces desde la emisora local. Te veo sentada, como cada mañana, en el autobús que nos lleva de los suburbios al centro, a la City. Tus piernas cuelgan descaradas e insolentes e interminables desde el asiento del centro. Nadie más parece mirarte, y solo yo me doy cuenta de que se balancean con el soul metido hasta el alma. Quisiera leer tu mente y poder hacer realidad los cuentos que quieres contarme.

Como en una vieja película.

Me levanto, decidido y varonil, y me encamino hacia tu asiento. Unas enormes botas vaqueras y una canana, el polvo del oeste y un sombrero calado. Un johnwayne cualquiera. Tú, recatada, miras por entre tus senos hacia mí. Tu vestido crepita con cada movimiento de recato y mi mirada te derrite el alma y tu candor incendia la mía. Próxima parada. Las puertas se abren y yo sigo sentado frente a ti, imaginando escenas imposibles.

Si pudiera leer tu mente, vaya historias que encontraría.

Una historia interminable, de amor y sexo continuos. Encuentro las historias que siempre he querido leer pero, por encima de todo, que siempre he querido protagonizar. Tu mente se fija en la mía y la mía se queda en la tuya. Tu sonrisa carnosa, lujuriosa, me deja sin aliento y me llena de vida. Nos fundimos como en un cuadro new age, dos espíritus en uno, y dejo mis ojos descansando en ti para siempre.

Sería como una de esas novelas baratas de kiosco…

El autobús sigue traqueteando los cuerpos calle abajo, pero imagino el escenario descrito mil veces en novelas de uno cincuenta y nueve la media docena. Me imagino como el héroe que rescata a la chica en el momento preciso. Te cojo entre mis brazos, te abrazo y tú te dejas caer en mi pecho, anhelando el momento en que por fin te sacaré de tu realidad y tú a mí de la mía.

Pero los héroes suelen fallar.

La línea llega a su fin, el autobús para. La puerta se abre y tú desciendes arrancando de mi imaginación y de mi corazón toda posibilidad de volver a ser feliz hasta mañana, hasta la próxima mañana en que te vea subir y pasar por mi lado, y sentarte frente a mí.

Si pudieras leer mi mente…

OUTLET CENTER

Anunciaron la apertura de la nueva promoción como solo un curtido equipo de marketing sabe hacerlo. Descuentos salvajes, objetos de primeras marcas apenas sin tara, servicios de lujo a precios de risa, oropel, lentejuelas, globos y confeti. Un nutrido grupo de periodistas y consumidores curiosos se agolpaba a la entrada del nuevo mercado, como mandan los tópicos narrativos. Expectantes y nerviosos, querían ver a su ídolo cortar la cinta inaugural, oír de su viva voz las palabras mágicas que les autorizaran a entrar en esa Sildavia única y misteriosa. La limusina llegó, y los guardaespaldas apartaron a la muchedumbre enaltecida. Le dejaron la vía libre para que llegara hasta donde todos le esperaban. Bajó del coche, saludó y se abrochó y la chaqueta. La estrella mediática avanzó con paso firme y decidido. Sonriente y callado, sin declaraciones a la prensa, se paró frente a la cinta de colores patrios. La cortó y la masa rugió embravecida, deseosa de aprovecharse de aquel mar de oportunidades. Entonces, el misterioso personaje, a la sazón presidente del gobierno del país donde se adelantaba a diario la puesta de sol, levantó su mano derecha y calmó a la masa.”Hoy”, dijo, solemne,”como todos los viernes, procedo: quedan inaugurados estos nuevos recortes sociales al 70% y estas privatizaciones al 100%”.

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