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martes, 18 de septiembre de 2012

Notas de verano dosmildoce (3, y ¿final?)

Nota 16:

Otro día, por casualidad casual, cenamos en casa de M., con E., A. y los vástagos J. y M.. Toca piscina, hacer al cafre, cenar tranquilo, reírnos mucho, hacer el cafre más todavía y “yintonico de ginebra”. Pues mira, el caso es que también es vacacionear el salir de la rutina y el cambiar ordenadores y albaranes por cervezas y risas. Qué bien le salió la cena a A. y a E. Y los “yintonicos” a M. Lo demás que salió bien, una parte es gracias a J. y M. y otra se lo debo a D. Y pare usted de contar. Porque es más fácil estar que ser, estuve feliz. Mira qué bien.

Nota 17:

Dicen que digo pocas cosas graciosas de mis tres semanas de gandulería extrema. Pues sí, pero es que este año me han pasado menos cosas graciosas. Qué quieres, ya me gustaría a mí vivir en un chiste continuo. Pero la realidad es la que es.




Nota 18:

¡HABEMUS PAPAM! Lo que viene siendo un viaje, es lo que hemos tenido. D., con su habitual cabezonería, ha conseguido una casita rural más maja que las pesetas en un pueblito bueno. Es viernes, son los treinta y ocho grados habituales, estamos en medio de la ola de calor africano número equis de este estío y el pueblito anuncia fuentes, ríos, verde, que queremos verde. Verde agua, verde olivo. Es pensar en Andalucía y me sale el juanramonismo y el garcialorquismo por las orejas. Y si me apuras, hasta el albertismo. El lagarto y la lagarta, con nuestros delantalitos, blancos, como el pueblo.

Nota 19:

La carretera termina donde empieza el pueblo. El río nace donde termina la carretera, y discurre por los capilares de las cuestas irrigando las células blancas donde moran los indígenas y dando vida al silencio, solo interrumpido por la risa cristalina de algún niño. El celeste se mezcla con el verdín y con el marrón. Es demasiado perfecto. ¿Dormido? ¿Durmiendo?

Nota 20:

Esta primera noche no he podido dormir del estruendoso silencio. Intento conciliar el sueño de cualquier manera. Sí, de cualquier manera. Hasta que un “¿qué haces?” femenino y sorprendido deja helados los muelles de la cama. “Nada”, respondo, “busco la forma de dormir”. Pues eso.

Nota 21:

Escalera arriba, escalera abajo voy subiendo muy despacio. El primer día casi me ahogo. El último salto los escalones de dos en dos. La casa es vertical, el pueblo es vertical, el río horizontal. Aunque - en realidad- es un paisaje fractal ya que es imposible de una forma matemática euclidiana el calcular el área y volumen de sus montañas y caminos. Y sí, debo leer menos libros de física y más de poesía si quiero disfrutar de este rincón del alma.

Nota 22:

Aunque me extiendo en exceso en las notas del pueblito bueno (como lo llama J.), no puedo evitarlo. Hoy, por ejemplo, he visto cómo las señoras mayores se juntan en corro para ir al lavadero y, amén de lavar sus ropas, hacen de comadres como mandan los cánones. D. ha llegado con su trozo de buena intención para lavar sus intimidades más coloradas y ellas, al vernos, nos han dejado jabón casero, nos han contado algún que otro chismorreo y han concluido, tras las preguntas pertinentes, que somos forasteros, no extranjeros. Hasta en la no pertenencia a un entorno hay clases. Me siento y las veo lavar, como me contaba mi abuela que hacía, y he extrañado su voz dulce, sus historias, su charla cómplice. Me he sentido un poquito solo otra vez, hasta que una de ellas me ha preguntado que qué es la colada esa que dice D. que tiene que hacer. Me he sonreído por fuera mientras por dentro una lagrimita se me ha resbalado por el recuerdo.

Nota 23:

Hemos cogido las bicicletas, las hemos cargado en el coche y nos hemos llegado al pantano. Hay una ruta suave, húmeda, fresca, que lo rodea. Como un Piraña cualquiera me subo en mi velocípedo y D. también. Nos dejamos caer por cuestas, cruzamos charcos, nos metemos hasta la rodilla y subimos hasta donde nos llevan las piernas. Hay unos baños, se llaman Melegís. Pues sí, hay una pareja que, aunque están cerrados al público, los han elegido. Hacemos mutis por el foro, sin casi respirar. Que a nadie agrada una interrupción.

Nota 24:

Los días van sucediéndose como la vida misma, sin pausa, sin prisa, milimetrados. Excursionamos, leemos, escribo. Un cuento. La mies es escasa y el bracero, mucho. O al revés. Leo cuentos de Hemingway. Uno de ellos describe con precisión la muerte de un torero. Oigo la acequia de debajo de la casa y siento que es la sangre perdida a borbotones por la femoral abierta. Huelo el óxido de una arqueta y el sabor metálico del fluido vital inunda mi boca. Levanto la cabeza de súbito y solo veo una luz blanca. Pienso en la muerte con la misma naturalidad con que la describe él. Queda un día menos para volver a mi realidad.

Nota 25:

Sí, la dichosa rima. Volvemos a casa. El coche está cargado, la casa vacía. Vienen S. y J. y nos regalan una botella de vino, que es como se despide a un conocido y se saluda al amigo. Nos queda el recuerdo de aguas pasadas, que ya no mueven molino, y de los verdes eternos, de las almendras que lleva D. en la mochila. Nos abrazamos y tiembla la tierra. Nos decimos cursiladas, pero los vecinos nos bajan de la nube: un terremoto de grado 3. Es la forma que tiene el pueblito de decirnos adiós. O eso creo. Ya falta menos para el verano próximo. ¿Aguantaré?

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Notas de verano dosmildoce (2)

Nota 9:

Como otros años, el orden de la crónica es cronoilógico. Hoy, que es mucho antes de la búsqueda del viaje y de la emisión televisiva, hemos excursionado por la región. Unos amigos nos invitan a descubrir parajes inhóspitos y sorprendentes y con agua a escasos cuarenta minutos de nuestro feo pueblo. Y es así: la pequeña Palestina, le dicen al paraje. Palmeras, cañones excavados por un río lleno de cangrejos y peces y aguas cristalinas… Y ni una persona. Bueno, dos. Pero son inglesas. ¿Cómo hacen los guiris para encontrar estos paraísos escondidos antes que los propios indígenas? ¿Vienen con GPS de serie, acaso?

Nota 10:

¡Y hemos descubierto y disfrutado las Lagunas de Molina! A este paso me tendré que colocar el salacot cada vez que salga de casa. Ya oigo la frase histórica: “Fulgen Livingstone, supongo”, me dirán.

Nota 11:

En la excursión a través de la pequeña Palestina hemos ido mi mujer y yo, claro. Y unos amigos y sus hijos. En una de las pozas de cristal líquido un desconocido bicho ha atacado a mi costilla y le ha proporcionado una marca indeleble en el abdomen; un mordisco o una picadura, no sabemos. A día de hoy, casi un mes después, todavía se plantea si ha de ir al médico o no. Y el bicho también.

Nota 12:

Es bueno estar de vacaciones, aunque sean caseras (nota mental: esto es para justificar y aplacar el ansia viajadora que nos invade. En realidad, estamos que nos viajamos encima).

Nota 13:

Al final hemos hinchado las ruedas de las bicis, engrasado las cadenas y disfrutado del paisaje durante los días de playa. Hemos visto un yacimiento romano al ladito mismo de la carretera que no puede seguir siendo investigado porque la mitad pertenece a Murcia y la otra mitad a Alicante, y la Historia entra en conflicto con la Administración descentralizada moderna y ¿democrática? Todos satisfechos con la excursión en bici. Excepto mi culo. El sillín llega, en su desvergüenza, hasta límites insospechados por mí. Hasta ahí, y casi que más allá.

Nota 14:

Mucha playa pero pocas tetas. Quiero decir. Se nota que hay menos gente de vacaciones que otros años: se puede aparcar con comodidad, los restaurantes tienen mesas libres, en la playa puedes buscar un sitio en condiciones y el nivel de tetas al aire es menor del esperado. Eso sí, muchas más naturales que siliconadas. Quizá la presión fiscal a la que nos someten tenga algo que ver. Mientras esto pienso, disfruto de la visión de un par espectacular. Qué bien se está de vacaciones.

Nota 15:

Esas son de silicona, y las miran hasta las chicas. Qué feas son. Son pezoestrábicas, desafiantes, demasiado tamboriles y morenas en exceso. El maromo que las acompaña y protege tiene un número “n” de músculos directamente proporcional a la falta evidente de neuronas y al número de tatuajes tribales sin sentido. El morenor es el mismo en ambos elementos sometidos a estudio. Sheldon Cooper, vuelve.


martes, 11 de septiembre de 2012

Notas de verano dosmildoce (1)

Nota 1:

Primer día de vacaciones. No me lo creo. He pasado el viernes por la tarde en éxtasis, por la noche en Babia y el sábado por la mañana en la playa. La playa. El reencuentro con las posidonias, las gaviotas, el salitre y los top less. Y el chiringuito. Cuatro cañas después el sueño empieza a ser posible. Sin viaje aventura a la vista por ninguna banda, se avecinan vacaciones de abanico y barreño con agua fría y de turismo gorrón. Me consuelo mientras rememoro mis notas de otros años. El pescaíto frito me trae a la realidad inmediata: me falta cerveza.

Nota 2:

Han debido pasar dos días para que sea consciente de que soy un inconsciente. Leer, escribir, leer, salir, montar en bici, andar, pasear, andar, montar en bici, salir, leer. El nivel de actividad auto impuesto me abruma y desmoraliza. ¿Seré tonto? No doy abasto y tengo agujetas.

Nota 3:

Dos noticias buenas, a cual mejor: saldré en la tele y seré tío, esta vez de mi hermana pequeña. Espero que no coincidan los eventos en el tiempo. Sigo en casa de vacaciones;, cambio el agua del barreño para los pies cada dos o tres horas. El aire acondicionado resopla como Moby Dick cada vez que le pido un grado menos.

Nota 4:

Martes, ni te cases ni te embarques. Pues hemos salido en la tele y hemos sido tíos. Dos de dos, el mismo día casi a la misma hora. Coincidencia feliz. El niño viene con un cátodo bajo el brazo. Felicidades. Para celebrarlo, nos vamos a la playa. A montar en bici, a leer, a andar… ¿Escribir? Lo prometí, pero...

(A la vista de mi estrellada actuación televisiva, un amigo comenta que quién es la cariátide que D. ha llevado a la pequeña pantalla. Miro la emisión y, extrañamente, la griega figura se parece a mí.)

Nota 5:

Hoy volvemos a la playa; mi hermana mayor nos espera con sus dos hijas. Mis sobrinas de cinco y dos años son dos fenómenos. En lontananza las vemos: la mayor corre desnuda y baila al son de lo que suena dentro de su cabeza mientras la pequeña come arena con fruición y, diría, deleite. Sus padres miran, distríados, a ninguna parte. Nos acercamos a ellas entre risas y las crías nos saludan con su habitual desparpajo infantil. A la pregunta de por qué la mayor va “en culo” y la pequeña no, nos responde la susodicha: “ayer vi a un señor gordo con el “pajarito” al aire; le pregunté a mi mamá que por qué iba el señor en culo; ella me respondió que en esta playa se puede. Así que yo voy en culo. ¿Quieres ir tú en culo, tío Fulgen?” Suspense.

Nota 6:

Burla burlando van casi dos semanas de vacaciones, y no hay nada reseñable. Empero, llevo cinco notas. Eso quiere decir que, o bien mis ganas de exhibirme son escandalosamente exhibicionistas, o que en realidad hago historias de granos de letras. Es miércoles, y el calor aprieta más que Dios. En el ecuador del periodo de gandulería sostenida por la empresa, el Estado o la VISA, nos armamos de valor y decisión. Vamos a buscar un viaje.

Nota 7:

Buscando al viaje desesperadamente. Verdad azul, nena. Va para largo.

Nota 8:

Estamos otra vez en la casita familiar de la playa. Hemos ido como las luces naranjas, día sí, día no. Hoy ha amanecido septiembre más que agosto, y llueve. Hemos cogido el coche y nos hemos acercado al bar inglés. “Tú ínglis brécfas, por lo que valgan”. El tío se olvida de nosotros, atiende a los indígenas guiris antes que a los indígenas murcianos y, cuando se da cuenta del error, lo trae de inmediato entre miles de apóloyáis y sorris. Y nos los hemos tomado casi a la hora de la cerveza. Yo, de natural compulsivo y organizado, me he puesto nervioso. Tomar un huevo frito con bacón y alubias a la hora de la caña con marinera es algo harto confuso para mí. Hemos engullido y corriendo, de nuevo, de vuelta a casa, porque tenemos que volver al pueblo: estamos a punto de saber si hay viaje o no.

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