Visitas desde la apertura

domingo, 19 de mayo de 2013

Amor incondicional


     ¿Me quieres?

     Claro, ¿por qué lo preguntas? ¿Por qué, esta mañana? Sabes que te quiero. Desde el primer día te quiero. Desde la primera vez que me sonreíste, desde la primera vez que te cogí de la mano te quiero. Desde que nos acostamos en esta cama, hace casi una vida, te he querido. Nunca he dejado de quererte y nunca…

     ¿Me quieres?

Me di cuenta, por fin, del horror al que su enfermedad nos iba a empujar para siempre.

martes, 14 de mayo de 2013

Telón

Se cierra el telón. Los actores paladean los últimos - literalmente - aplausos de su vida en este teatro. Los tramoyistas, antes de que pudieran siquiera voltearse y despedirse los unos de los otros, ya han comenzado a desmantelar los decorados, los camerinos incluso. El silencio atroz que flota entre los martillazos y los gritos de cuidado y atención no resta ni añade solemnidad al acto. El protagonista y su compañera miran en derredor y solo ven abatimiento y desgana. El empresario, en su palco, sentado junto a la implacable inversora, mira el reloj una y otra vez. Demasiado están tardando en desaparecer de su vista. El local está vendido, la firma rubricada, todo desaparece. Detrás del telón, solo hay flaqueza. Falta de voluntad. Han sido demasiadas representaciones juntos; toda una vida. Los diálogos entre ellos ya no eran textos a interpretar sino vida a vivir. Intentan articular palabra, alentarse. Pero saben que es imposible. Esa caída de telón, para ellos, para todos, ha sido la última.

En el teatro que una vez pareció amanecer un imperio, gracias a los caprichos del público volátil y la aquiescencia del empresario manipulado y bobo, en ese teatro - digo - jamás volverá a amanecer.

jueves, 2 de mayo de 2013

Manicomio.



Cuando amaneció, la intranquilidad volvió a mi mente. Seguía en el mismo sitio, con la misma ropa y el mismo aroma a hospital cerrado, húmedo. Las noticias del exterior eran cada vez peores. La masa, hambrienta, ocupaba ya  casas habitadas, colgaba a los irresponsables que – no hacía tanto tiempo – llevaron al abismo al país. Respirábamos las sirenas de los servicios de urgencia. Me levanté como pude y le pedí a mi enfermero que ese día tampoco me dejara salir a la realidad.

Alí Babá



Los Cuarenta llegaron en silencio, de noche, con alevosía. Se detuvieron frente a tu puerta, dijeron las secretas palabras y entraron todos, de golpe. Cuando, a la mañana siguiente, te levantaste y miraste en el espejo, allí estaban los Cuarenta, bailando en la comisura de tus labios y en el cierre de tus párpados.

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“¡Qué novela tan larga!”, se dijo. Así que la lavó en agua caliente y lo encogió hasta este nano relato.

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