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jueves, 2 de mayo de 2013

Manicomio.



Cuando amaneció, la intranquilidad volvió a mi mente. Seguía en el mismo sitio, con la misma ropa y el mismo aroma a hospital cerrado, húmedo. Las noticias del exterior eran cada vez peores. La masa, hambrienta, ocupaba ya  casas habitadas, colgaba a los irresponsables que – no hacía tanto tiempo – llevaron al abismo al país. Respirábamos las sirenas de los servicios de urgencia. Me levanté como pude y le pedí a mi enfermero que ese día tampoco me dejara salir a la realidad.

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